costumbres puneñas

Este es un blog dedicado y dirigido a todas aquellas personas que se interesen por conocer mas las costumbres y tradiciones que se festejan año a año en el Departamento de Puno

miércoles, agosto 09, 2006

Santisima Virgen de Copacabana


HISTORIA
En el pueblo de Copacabana, sus habitantes vivían divididos en dos grupos, los Anansayas y los Urinsayas. A pesar de haber recibido la fe, vivían apegados a sus antiguas superticiones. Las malas cosechas y otras desventuras los obligaron a pensar en atraerse los favores del cielo y resolvieron los Anansayas erigir una cofradía y ponerla bajo la advocación de la Vírgen de la Candelaria. Se opusieron los Urinsayas alegando que ellos tenían pensado dedicarla a San Sebastián, pero al final no se hizo nada.

Un hombre llamado
Francisco Tito Yupanqui, descendiente del inca Huayna Cápac, no abandono la idea y concibió el proyecto de labrar una imagen de la Vírgen pensando que una vez hecha y trasladada al pueblo sería más fácil establecer la cofradía propuesta. Este escultor aficionado, ayudado por su hermano Felipe, trabajo la imagen de la Vírgen en arcilla, de una vara de alto, por los resultados, esta imagen debió representar la buena voluntad alejada de las gracias naturales de María. fue colocada a un aldo del altar por el Padre Antonio de Almedia, que hacia de párroco. Al dejar Copacabana, don Antonio, se hizo cargo de Copacabana el predicador bachiller don Antonio Montoro, quien al ver esa imagen desgarbada, tosca y sin proporciones, mando sacarla del altar y llevarla con el desaire a un rincón de la sacristía.

Humillado Francisco Tito por este contratiempo y acosejado por los suyos, marcho a
Potosí, que contaba con destacados maestros en escultura de imagenes sagradas. Llego a adquirir en el taller del Maestro Diego Ortíz, cierto dominio en la escultura y en la preparación de la madera. con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaría. Busco por todas las iglesias de Potosí una imagen de la Vírgen que pudiera servirle de modelo. Le indicaron una en Santo Domingo. Se fijo en ella con suma atención para grabarla en su mente y antes de comenzar su trabajo, hizo celebrar una misa en honor de la Santísima Trinidad, para obtener sobre su obra la bendición divina.

Los Urinsayas admitieron fundar la cofradía, pero no aceptaron la efigie labrada por Yupanqui, por lo que el empezó a buscar comprador. En
La Paz, la imagen llego a manos del cura de Copacabana quien decidió llevar la imagen al pueblo. El 2 de febrero de 1583, la imagen de María, llego a los cerros de Guacuyo, lo que hace de este santuario mariano uno de los más antiguos de las Américas, junto a los de Guadalupe en México y Cocharcas en Perú. Todo el pueblo salió gozoso a recibirla y con gran alegría la condujeron a la iglesia donde se celebró una misa en su honor.



COPACABANA

Copacabana es una ciudad y puerto de Bolivia, capital de la provincia de Manco Cápac, sobre el lago Titicaca.
Copacabana se halla enclavada a las orillas del Lago Sagrado o Titicaca, en la península del mismo nombre. El grandioso escenario que le rodea está compuesto por el macizo andino de la Cordillera Real.
Desde los primeros días de la Conquista del Collao por los hermanos Pizarro, hacia el 1538, se comenzó a predicar el Evangelio. Esta misión difícil en esos momentos la tomaron los religiosos de la Orden de Santo Domingo.


Francisco Tito Yupanqui, de sangre real, era descendiente directo de los Reyes Incas. Nació en Copacabana y en el escudo de armas que concedió el Emperador Carlos V a sus antepasados tenía el lema "Ave María". Se conoce poco de su vida anterior a la confección de la imagen de la Candelaria y su vida posterior a la entronización de la sagrada imagen.
Desde niño demostró profundo amor a la Santísima Virgen María y por este amor defendió el deseo de su parcialidad, pues era Hanansaya, que la imagen de la Candelaria presidiera en el altar mayor de la humilde capilla de Copacabana y el anhelo de contar con la Cofradía para honrar a la Santísima Virgen.
Tenía inclinación natural a la pintura y a la escultura. Carecía, en cambio, del conocimiento de las elementales reglas de estas nobles artes.
No obstante, ayudado por su hermano Felipe, trabajó una imagen de la Virgen en arcilla, de una vara de alto. Por los resultados, esta imagen debió representar la buena voluntad alejada de las gracias naturales de María. Fue colocada a un lado del altar por el padre Antonio de Almeida, que hacía de párroco o doctrinero. Al dejar Copacabana don Antonio de Almeida, se hizo cargo de Copacabana el doctrinante bachiller don Antonio Montoro, quien al ver esa imagen desgarbada, tosca, sin proporciones, mandó sacarla del altar y llevarla con desaire a un rincón de la sacristía.
Humillado Francisco Tito por este contratiempo y aconsejado por los suyos, marchó a Potosí, que a la sazón contaba con destacados maestros en escultura de imágenes sagradas. El sincero y profundo amor que experimentaba a la Santísima Virgen era más eficaz que su inclinación natural a la imaginería y la pintura.

Con fervientes oraciones y ayunos, comprometió la bondad de María para proporcionar a su pueblo una imagen digna de veneración. Con esta santa preocupación buscaba, el pobre escultos, por todas las iglesias de Potosí una imagen de la Virgen que pudiera servirle de modelo. Le indicaron una en Santo Domingo. Se fijó en ella con suma atención para grabarla en su mente.
Tito Yupanqui, el sencillo amante de la Virgen María, llegó a adquirir en el taller del maestro Diego Ortiz, cierto dominio en la escultura y en la preparación de la madera. Con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaria. Antes de comenzar su trabajo, hizo celebrar una Misa en honor de la Santísima Trinidad, para obtener sobre su obra la bendición divina.
Fue indecible el gozo que experimentaba Francisco Tito Yupanqui mientras daba los últimos toques a su bendita y amada Virgen Candelaria.
Llegó al pueblo de Copacabana la preciosa imagen en medio de los sollozos de la confusa procesión. Fue un triunfo de la Virgen la llegada a su trono de gloria. Desde allí dio comienzo a su maternal misericordia, derramando a manos llenas milagros extraordinarios y gracias sin cuento.
Los milagros otorgados por la Virgen de Copacabana a cuantos la han invocado con fe y confianza, son innumerables.